lunes, 14 de julio de 2008

“No hay una política que intente mejorar el desarrollo de las comunidades”

Hace un tiempo que he dejado de escribir aquí. ¿Por falta de interés? ¿Por qué le daba más tiempo a otros temas? No, la verdad, no. Simplemente los días fueron pasando, las ganas seguían presentes y la búsqueda por publicar algún tema en especial fueron definiendo la cantidad de días que me he demorado en publicar este post.

He hablado un poco sobre periodismo de investigación, mi experiencia en la CVR y, de mis investigaciones de corte social. Ahora, intentando englobar mis ideas anteriores les dejo una entrevista que hice hace un tiempo para que conozcan más sobre la situación de estos pueblos, los olvidados, como muchos los llaman pero que en realidad comparten el mismo territorio que nosotros, son un gran porcentaje de la población, tienen muchos conocimientos por brindar, cuidan de la naturaleza y mantienen en equilibrio la flora y fauna nacional y, quizás lo más importante, cómo diría el gran investigador Róger Rumrrill, su principal labor y la más respetable, es que son ellos quienes mantienen vivas las creencias populares, los dioses que habitan en la naturaleza y todo lo místico que engloba nuestra cultura. Espero que sea de su agrado :)

El presidente de la Asociación Civil Servicios Educativos Rurales (SER), Javier Torres Seaone, antropólogo con más de 20 años de trabajo e investigaciones sobre el sector rural, señala que las comunidades campesinas encuentran dificultades para intervenir en los nuevos espacios de participación, debido a que el modelo de descentralización no ha tomado en cuenta su funcionamiento como organización.



¿El actual proceso de descentralización contribuye a la participación y presencia de las comunidades campesinas en los espacios locales?
Ha contribuido a generar espacios de participación, pero muchas veces deficientes. La descentralización tiene como toda reforma ciertos supuestos, uno de ellos es que como hay representación de la sociedad civil a nivel provincial y distrital, las comunidades podrían ser representadas por una federación distrital de comunidades en la discusión por el presupuesto público o el presupuesto de la comunidad. Pero no saben que en realidad una comunidad no puede sentirse representada por el miembro de otra comunidad en una negociación con el gobierno local.

Entonces este proceso no ha tomado en cuenta la lógica de funcionamiento de organizaciones como las comunidades.
El problema con el modelo descentralista es que parte de la existencia de una sociedad con determinadas características y crea un modelo de participación para establecer relaciones más democráticas, pero no toma en cuenta que existen relaciones anteriores entre los gobiernos locales y las comunidades. Generan contradicción.

¿Es un modelo impuesto?
El problema es que las leyes de la descentralización ven a la comunidad campesina como una minoría, una población a atender. Se compara a las comunidades con los grupos vulnerables del país, con los discapacitados, las mujeres, los niños y los pueblos indígenas. Algunas ONG caemos también en ese enfoque de protección.

¿Eso quiere decir que se siguen impulsando programas asistencialistas?
El dinero es invertido en políticas asistencialistas. Se concentra básicamente en programas sociales y hay algunos programas especiales ejecutados entre el gobierno y la cooperación internacional. La mayoría de los programas de desarrollo sólo son pilotos que no llegan a ser replicados. Al analizar esta situación se concluye que se hacen más proyectos por la cooperación internacional que por el Gobierno. Particularmente no veo una política que intente mejorar o apoyar un adecuado desarrollo productivo y económico de las comunidades.

“Existen dos posiciones radicales, los que optan por desaparecer a las comunidades campesinas y los que la idealizan, porque piensan que es un legado de nuestros antepasados”.

¿Se está realizando un adecuado sistema de transferencias para que los recursos provenientes de distintas fuentes, como el canon minero, sean distribuidos de manera equitativa entre las distintas comunidades?
Cada vez hay más ingresos que benefician a las comunidades pequeñas o a las más alejadas, el problema es que los montos son variables. En vez de tener un sistema integrado de transferencias intergubernamentales, donde uno sabe qué cantidad aproximada va a recibir de aquí a 20 años, las proporciones varían según los precios de los minerales. Ahora estamos en un ‘boom’ económico. ¿Qué pasará cuando los precios bajen? El recurso se reducirá y los servicios implementados no podrán mantenerse, por eso se deben generar proyectos sostenibles en el tiempo.

Esta ausencia de políticas claras respecto a las actividades extractivas ¿genera otro tipo de tensiones?
Cada vez que las comunidades son menos tomadas en cuenta, se busca su desaparición, por ejemplo, que no tenga capacidad para resistir a la presencia de la minería. En muchos casos el Estado no tiene políticas adecuadas y la empresa termina reemplazándolo. Se establece así una relación de contraprestación, la mayoría de las veces, entre la empresa y la comunidad.

Pese a estos inconvenientes, ¿en algunas zonas su participación es efectiva?
En algunas zonas como Puno, Huancavelica y Ayacucho participan y tienen tal reconocimiento que son quienes ‘pelean’ los presupuestos con las municipalidades. Debemos entender que el problema no tiene que ver con su participación, pues participan, sino que el modelo no les permite hacerlo como deberían.

¿De qué manera la comunidad campesina podría ser considerada como un interlocutor válido para el Estado?
Se generaría un modelo efectivo, un diálogo adecuado, si se asegurara la participación de todas las comunidades en los temas que son de su incumbencia. Si no podemos crear nuevos espacios debemos potenciar los existentes. No es necesario crear otro mecanismo, se pueden adecuar los existentes a la realidad.

¿Cómo incluirlos en estos espacios?
Contamos con diferentes mecanismos, pero no tenemos una estructura adecuada. No sabemos diferenciar entre un mecanismo de participación, un trámite o procedimiento. Si sumamos a esto, que en el contexto actual existen dos posiciones radicales, los que optan por desaparecer a las comunidades campesinas y los que la idealizan, porque piensan que es un legado de nuestros antepasados, todo se torna más difícil. Lo ideal es encontrar un equilibrio. Las comunidades nos guste o no están ahí, algunas con diez años, otras con 300 años. Existen y han sobrevivido a los procesos.

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